El viernes amaneció con un cielo más limpio, como si la lluvia de los días anteriores hubiera lavado parte de la tensión acumulada. Apenas había dormido. La ecografía antigua seguía sobre mi mesita de noche, testigo silencioso de todas las decisiones que había tomado para protegerme. Me vestí con un traje gris oscuro, práctico y serio, el mismo que usaba cuando necesitaba sentirme blindada. Pero algo dentro de mí había cambiado. Las grietas del muro ya no se podían ignorar.
Llegué al bufete ant