Después de refrescarse y ponerse un vestido azul medianoche que Aaron había elegido para ella, Katerina se miró en el espejo. La tela suave abrazaba su figura con elegancia, y aunque no era extravagante, tenía un encanto sutil que resaltaba su belleza natural.
Su corazón latía con fuerza. Desde que habían llegado a Dubái, Aaron se estaba comportando de una manera que la desarmaba. No era el hombre frío y calculador que había conocido, sino alguien que se preocupaba por ella, que le daba espac