Capítulo 98. La caída del monstruo.
El estruendo reventó el aire dentro de la celda.
No hubo tiempo para palabras. No hubo tiempo para arrepentimientos.
La bala de Arturo perforó el centro exacto del pecho de Vincenzo. El impacto fue seco. Devastador. Rompió la tela oscura del abrigo y partió el hueso del esternón con un crujido brutal.
Vincenzo abrió los ojos de par en par.
La fuerza del proyectil lo empujó hacia atrás. El dedo se le aflojó del gatillo de su propia pistola. El metal negro cayó de sus manos y chocó contra el suel