Capítulo 129. La orden de encierro.
—¡Explícame bien qué carajo está haciendo Elías, Luciano! —rugió Arturo.
El empresario no se levantó del piso del hospital. Tenía la espalda pegada a la pared fría de yeso. Sus piernas estaban estiradas sobre las baldosas relucientes de la clínica italiana y su mano derecha apretaba el teléfono satelital con una fuerza brutal. Los nudillos se le pusieron blancos por la presión.
—¡Lo que te acabo de decir, Arturo! —le gritó Luciano desde el otro lado de la línea—. ¡Elías perdió el control por co