Capítulo 62. La despedida que no esperaba.
El dolor era un latido constante en su costado, pero Valeria había aprendido a ignorarlo mucho antes de aprender a leer. En el orfanato, el hambre dolía. El frío dolía. La indiferencia de los posibles adoptantes dolía más. Esto era solo carne. Podía soportarlo.
Se arrancó un trozo del camisón del hospital y se vendó la herida con movimientos torpes, pero firmes. La sangre empapó la tela en segundos, pero al menos dejó de gotear al suelo. No podía dejar rastro.
Las linternas de los policías bail