Capítulo 63. El último beneficio.
El silencio en la sala de interrogatorios era sepulcral.
Las esposas de Valeria chocaron contra el metal de la mesa cuando bajó la cabeza.
—Quiero ayuda —repitió ella. Su voz era un susurro roto—. No quiero ir a prisión. Quiero ir a un centro psiquiátrico a tratarme. Quiero dejar de ser quien fui.
Camelia la observó. No había odio en sus ojos. Solo una calma absoluta.
—¿Y por qué me lo pides a mí? —preguntó Camelia—. El juez es quien decide tu condena.
—Porque si tú y Fernando testifican en mi