Capítulo 38. Vecinos de infarto.
Elías ignoró la mirada asesina de Fernando. Entró en la habitación con las manos en los bolsillos, caminando con una calma que alteraba los nervios del empresario.
—Esta tarde —respondió Camelia.
—Entonces. Necesitamos un lugar seguro.
Fernando se cruzó de brazos. Su pecho ancho bloqueaba casi toda la luz de la ventana.
—No te preocupes, yo me encargo de buscar un lugar para mi esposa. Tengo el dinero.
—No —lo cortó Elías—. Yo buscaré la casa. No confío en tu gusto para el reposo. Eres capaz d