Capítulo 20. El bastardo.
La palabra flotó en el consultorio. "Embarazada".
Fernando dejó de respirar. El silencio se volvió tan denso que parecía ahogarlo. Miró al médico. Luego miró a Camelia.
Ella estaba pálida como el papel. Se agarró los bordes de la camilla con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. No había sorpresa en su rostro. Solo pánico puro.
Fernando entendió.
—Lo sabías —siseó él. Su voz era un hilo ronco, cargado de un veneno mortal—. Ya lo sabías.
—Fernando... —empezó Camelia, temblando.
—