Capítulo 107. El prisionero de ojos verdes.
El cañón negro de la pistola le apuntaba directo al centro de la frente.
Elías se congeló en el piso de mármol. El pecho le subía y bajaba con rapidez. La respiración se le cortó en seco.
Frente a él, el líder del cártel sostenía el arma con una mano firme. No temblaba. Su postura era letal. Pero la máscara rígida colgaba de un solo enganche, dejando el lado derecho de su rostro completamente al descubierto a la luz parpadeante de las lámparas rotas.
Elías parpadeó. El corazón le dio un vuelco