Miguel los seguía observando mientras sentía que su corazón comenzaba a encogerse, a tensarse, a doler. Era como si su pecho ya no tuviera las fuerzas o la capacidad para sostenerlo.
Quiso moverse. Quiso ir hacia ella. Quiso recordarle todo lo que él había sentido, lo que había callado, lo que creía que había entre ellos. Quiso gritar por qué no era él el que recibía esa mirada, esa risa, esa calma. Pero sus piernas no respondieron.
—Fue un accidente— se dijo a sí mismo, tratando de recordar có