Sofía lo miró por un largo raro, estaba completamente desconcertada, como si no entendiera en qué momento todo se había desviado de su eje. El murmullo constante del aeropuerto se volvió un eco distante, apenas un rumor ajeno, mientras lo observaba sostener el cuaderno con tanta firmeza que sus nudillos se tensaban.
No podía creer lo que estaba escuchando. Miguel, frente a ella, hablándole con esa seguridad absurda, con esa voz cargada de emoción, de culpa y de algo más que no quería nombrar.
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