En el corazón de Martín algo se agitó, era como si una aguja fina lo pinchara. No quiso detenerse demasiado en ese sentimiento extraño que lo inundaba, así que lo apartó con un pensamiento que le resultó demasiado práctico: aquello no era más que compasión.
Se repitió que era lógico, que cualquiera sentiría algo similar al ver a Sofía en esas condiciones. Había sido abandonada por Miguel, y una mujer que en otro tiempo estuvo rodeada de lujos ahora sobrevivía en una casa sencilla, atendiendo un