—Por supuesto que lo sé. ¿Le parece extraño? —preguntó Liam con expresión inocente. Inclinó levemente la cabeza y observó a Isabella, que seguía inmóvil.
—Es lógico que haya investigado todo su pasado antes de dar un paso tan grande. Voy a casarme con usted, Isabella —añadió con tono frío y directo.
—¡Este matrimonio no es más que un contrato comercial sobre el papel! —replicó ella con sequedad, elevando la voz por la indignación que la invadía; sentía que su privacidad y los recuerdos más dolo