—Don Javier de Álvarez, Duque de Álvarez, ha llegado —susurró de pronto doña Valeria. Su voz sonaba tensa, temblando de una emoción que no lograba ocultar.—Vamos, debemos recibirlo ahora mismo —añadió rápidamente. Sin esperar respuesta, sus dedos se aferraron con fuerza al brazo de su esposo, don Álvaro. Este fue arrastrado con torpeza, obligado a seguirla para mezclarse con la multitud.En cuestión de segundos, casi todos los nobles presentes en la cacería se movieron al unísono. Se empujaron y se amontonaron, esbozando amplias sonrisas forzadas para llamar la atención del líder. Como cabeza de la nobleza madrileña, don Javier de Álvarez ejercía un poder político y económico inmenso.El hombre caminaba con calma junto a su esposa, adornada con joyas llamativas, mientras su hijo varón, Mateo, iba justo detrás, con el pecho henchido de confianza.—¿Por qué ustedes dos no van a saludarlos? —preguntó Liam, con un tono absolutamente impasible. Aunque la frase iba dirigida a doña Beatriz
Leer más