El lujoso automóvil se detuvo por fin en el patio de la gran mansión de Liam. Juan se giró hacia su amo, que seguía rígido en el asiento trasero, con el rostro sombrío.
—Señor... me quedaré con usted esta noche —dijo Juan, desde el asiento delantero, mirando al hombre que permanecía en silencio.
—Vete a casa, Juan. Debes estar agotado —respondió Liam con lentitud, con una expresión cargada de pesadez.
—No, señor. Esta noche me quedaré aquí —afirmó Juan con firmeza y seguridad. Sin esperar más r