—¡Padre!
El grito de Mateo rasgó el aire, agudo y cargado de pánico desbordado. Llegó galopando a toda velocidad, seguido muy de cerca por Isabella.
Javier seguía inmóvil en su sitio, con los ojos muy abiertos, clavados en el rostro de Liam sin pestañear. El anciano jadeaba con fuerza, el pecho subiendo y bajando rápidamente tras haber estado a punto de caer al vacío. Antes de que pudiera dar voz a su confusión por la arriesgada maniobra de Liam, Mateo e Isabella ya habían saltado de sus montur