Montes de Toledo
—¡Isabella! —gritó Serena de Silva con alegría, agitando la mano en lo alto entre la multitud.
Isabella se acercó a su amiga. El traje de montar se ceñía perfectamente a su figura, marcando su silueta esbelta y dándole un aire elegante, a pesar de ser una prenda usada que le había regalado otro miembro de la nobleza.
—¡Cuánto tiempo sin vernos! —dijo Serena con entusiasmo, y la abrazó de inmediato con calidez.
Isabella le devolvió el abrazo con una leve sonrisa. —Sí. ¿Cómo está