—¿Así que esta es la razón por la que me prohibiste venir a esta cacería? —preguntó Liam, con un tono sumamente cínico y gélido.
Se agachó un instante, recogió el látigo del suelo y le arrebató con brusquedad las pesadas bolsas de la compra que llevaba en los brazos. Isabella se puso de pie de inmediato.
—¡Dame esas cosas! —le espetó ella en un susurro, presa del pánico por si alguien más los observaba.
Liam hizo caso omiso a su advertencia. Entrecierró los ojos y la recorrió de arriba abajo co