Gracia se bajó de su auto frente a la mansión sin imaginar lo que se avecinaba. En cuestión de segundos, una avalancha de periodistas emergió desde los costados de la casa y se abalanzó sobre ella como aves de rapiña, rodeándola con cámaras, micrófonos y un torrente de preguntas.
—Señora Sanclemente, ¿qué relación tiene con el nuevo empresario de la ciudad? —preguntó una reportera, empujando su micrófono hasta casi rozarle el rostro.
Gracia alzó una mano intentando apartarlo, pero la mujer no c