Las lágrimas de Maximilien brotaron mientras la observaba, directo a los ojos. Gracia, aunque tenía grabadas en su memoria esas imágenes como si hubieran sido talladas con un cincel, reconocía ese brillo en los ojos de su esposo. Algo muy dentro de su corazón le gritaba que él decía la verdad.
—Maximilien… —sollozó—. Yo te vi… vi cómo estabas dentro de otra mujer. Vi cómo compartías lo más sagrado que existe entre los dos. Eso me dolió demasiado.
Él sacudió la cabeza, impotente. Sabía que era n