A la mañana siguiente
La luz apenas rompía el horizonte cuando Maximilien se levantó, no hizo ruedo para no despertar a Gracia, ni a la bebé. Caminó por la mansión en silencio, revisando puertas, ventanas, pasillos. Encontró a Antonia en la cocina preparando café.
—Antonia —dijo en un tono bajo y serio—, cualquier cosa fuera de lo normal, cualquier ruido, cualquier extraño… me llamas de inmediato. Sin importar la hora, ¿entendido?
Ella lo miró con el ceño fruncido.
—Sí, señor, por supuesto. ¿