—Maximilien… —susurró Gracia con un nudo en la garganta, aferrándose con desesperación a ese leve movimiento en su rostro.
Un ceño suave cruzó la frente de él, apenas visible, y después de un instante, un sonido quebrado escapó de sus labios.
—Tardaste mucho… en decir que me amas. —Su voz era débil, entre burlona y agotada, cada palabra que dijo requería de un esfuerzo inmenso. Lentamente, sus párpados temblaron y se alzaron lentamente, dejando ver esos ojos que ella tanto había extrañado.
Gra