Maximilien ni siquiera pudo concebir en sueño esa noche. Se quedó despierto hasta el amanecer, deambulando por la casa en silencio, repasando cada rincón como un guardián paranoico. Al clarear, entró al cuarto, besó la frente de Gracia y de su hija, y salió hacia la comisaría. Esta vez lo hizo solo, sin guardaespaldas, sin chofer, no podía confiar en su esquema de seguridad.
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Unos treinta minutos después, el llanto de Hope rompió la quietud de la habitación. Gracia abrió los ojos, adormilada