Tu cuerpo es mío.
Aquellas palabras brotaron con un tono monocorde. Sin ira. Sin gritos. Simplemente planas, como si estuviera enunciando un hecho irrebatible. Como jika lo hubiera meditado profundamente. Como si ya hubiera imaginado cómo se sentiría quebrar los huesos de Christian, uno a uno.
Arabella abrió los ojos.
Sus pupilas de un marrón profundo se clavaron en Dominic, que seguía acuclillado frente a ella. La distancia entre ambos era mínima. Arabella podía ver sus pestañas, largas y espesas, un detalle q