Dominic y su voluntad.
Arabella sintió una opresión en el pecho, seperti si alguien se hubiera sentado sobre ella y estuviera presionando con todas sus fuerzas. Cada respiración era pesada; cada inhalación, una lucha. Sus ojos castaños miraron a Dominic con una expresión que nunca antes le había mostrado.
No era miedo. No era sumisión. No era tristeza. Era decepción. Una decepción tan profunda que no podía explicarse con palabras. Una decepción que no nacía de las heridas físicas recibidas, sino del desmoronamiento