Difícil liberarse.
—Señor...
—Desde el principio te lo dije, Bella —la interrumpió Dominic de nuevo, con voz cada vez más firme. Soltó su mentón y volvió a sujetar el volante. Sus ojos oscuros miraban hacia adelante, atravesando el cristal, perdiéndose en la carretera vacía, en un futuro incierto.
—Te dejaré marchar cuando me haya aburrido de ti.
Aquellas palabras se sintieron como un golpe directo al pecho de Arabella.
Asfixiante. Doloroso. Letal.
Cuando me haya aburrido. No cuando tú quieras irte. No cuando