La noche nunca se había sentido tan eterna.Desde que Christian cerró la puerta de la habitación anoche, no se escuchó ni un solo ruido proveniente del interior. Bella no se atrevió a llamar. No se atrevió a pronunciar su nombre. Se limitó a quedarse sentada en el comedor, a solas, ante una mesa repleta de restos de comida ya fría, con el corazón destrozado y las lágrimas fluyendo en un silencio absoluto. La vela en el centro de la mesa jamás llegó a encenderse. El mantel blanco marfil que ella