El rostro de Bella, que hasta hace un momento irradiaba una sonrisa, se transformó lentamente. Su alegría se desvaneció, reemplazada por una expresión de confusión teñida de miedo.
—¿Q-qué, Christian? —su voz temblaba—. Esta comida... pero el repartidor dijo...
—Ese hombre mintió —lo interrumpió Christian, elevando un poco la voz. Sus ojos enrojecidos se clavaron en ella con una intensidad cortante—. O quizás él mismo no sabía quién hizo el pedido. Lo que está claro es que yo no pedí nada. No