El trayecto desde la casa de Dominic hasta la de Christian solía sentirse eterno.
Eran cuarenta minutos en autobús. Primero, atravesando el exclusivo sector de The Hills, con sus mansiones majestuosas y jardines idílicos; luego, adentrándose en los suburbios, donde las edificaciones se tornaban progresivamente viejas dan descuidadas, hasta finalmente alcanzar el vecindario de Arabella. Un lugar donde el asfalto estaba agrietado, las alcantarillas rebosaban basura y las casas se amontonaban con