—He elegido a mi marido, dan espero que deje de perseguirme.
Dominic no respondió de inmediato.
Bella podía escuchar el sonido de su respiración tras la madera. Era una respiración pesada, errática, como si estuviera luchando por contener algo.
—Pero yo no quiero, Bella.
La voz de Dominic era apenas un hilo, débil, muy distinta a la habitual. Era la voz de un hombre que no acostumbraba a admitir la derrota, pero que tampoco sabía qué camino tomar.
—Señor —dijo Bella, y su voz empezó a queb