No quiero perder.
—¡Suéltame, imbécil! —exclamó Dominic, con la voz aún baja, manteniendo la calma. Levantó las manos, intentando deshacerse del agarre de Christian.
—¡Tú eres el imbécil! —le espetó Christian.
Sin embargo, aflojó su puño y lo soltó.
No lo hizo por miedo. No porque Dominic se lo hubiera pedido. Lo hizo porque comprendió que aquello no resolvería nada. Golpear a Dominic no haría que Bella lo escuchara más. Insultarlo no borraría el envío de aquella comida. Amenazarlo no detendría al hombre en su