La cena con Christian.
Después de que Christian cerrara la puerta de su habitación, Arabella permaneció sentada en el suelo de la sala durante un largo rato. Estaba empapada, con la mejilla hinchada, los labios partidos y un dolor que le recorría cada fibra del cuerpo. Pero no podía quedarse allí para siempre; debía cambiarse de ropa antes de que el frío la hicieran enfermar.
Lentamente, Arabella se puso en pie. Sentía las piernas débiles y las manos le temblaban, pero caminó hacia el baño para buscar una toalla sec