El sol de la mañana comenzó a filtrarse por las rendijas de las cortinas en la habitación de Dominic.
La luz era tenue, grisácea, sin llegar a ser del todo brillante. Afurera, el cielo conservaba un tono pálido, como si acabara de despertar de un largo letargo. Los pájaros en el jardín trasero empezaron a trinar, dando la bienvenida al nuevo día. Una brisa matinal soplaba suavemente, agitando el follaje y creando un susurro relajante.
Dominic abrió los ojos con lentitud.
Sus pestañas vibraron