El arrepentimiento de Christian.
Christian apoyó la cabeza en el respaldo del asiento, con la mirada fija en el techo del coche, sucio y cubierto de polvo.
—Ni siquiera he podido explicarle quién es esa mujer ni qué estaba haciendo en nuestra casa —continuó Christian, con voz lánguida, casi como un susurro para sí mismo—. Pero tú simplemente te marchaste de esa manera.
Aquella mujer. La rubia del vestido corto y rosado. La mujer que se aferraba a su brazo. La que reía con él dentro de la casa. La mujer que había olvidado sus