Esa mañana, el campus de la Universidad de Ashford Hills lucía más animado que de costumbre. La luz dorada del sol matutino se filtraba entre el foliage de los frondosos árboles a lo largo del sendero, dibujando patrones luminosos que danzaban sobre el césped verde, todavía húmedo de rocío. Los pájaros trinaban alegremente en las ramas, como sumándose al entusiasmo renovado que comenzaba a flotar en el aire.
Isabella llegó a la universidad con paso ligero y desbordante de energía. Apenas podía