La lluvia continuaba azotando con fuerza la ciudad de Ashford Hills mientras Lucas abandonaba la casa que, hasta entonces, había considerado el refugio más seguro del mundo. Ahora, aquel lugar le resultaba ajeno. Las paredes que en el pasado atesoraron risas y calidez parecían de pronto una prisión repleta de secretos.
Lucas caminaba sin rumbo fijo. Sus zapatos empapados pisaban los charcos de la acera, salpicando agua sobre sus pantalones de mezclilla, que ya se encontraban completamente empap