Habían transcurrido dos semanas desde aquel encuentro clandestino entre Christian, Bella y Ana en la cafetería. Dos semanas que, para los tres, se sintieron como dos eternidades. Día tras día se veían forzados a fingir que todo marchaba en orden, mientras que cada noche debían conciliar el sueño cargando con un secreto que les oprimía el alma.
Christian permanecía sentado en su despacho, contemplando el exterior a través de la ventana. Una tenue llovizna comenzaba a precipitarse, humedeciendo e