Los días posteriores al último encuentro entre Lucas e Isabella transcurrieron como una pesadilla interminable. Lucas no lograba conciliar el sueño, ni probar bocado, ni pensar con claridad. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Isabella se dibujaba ante él. Cada vez que tomaba aire, sentía que el perfume de ella continuaba impregnado en su piel. Sin embargo, más allá de todo aquel sufrimiento, una interrogante no dejaba de corroerle la mente:
Si Isabella es mi hermana de padre, ¿quién es