Cuatro meses habían transcurrido desde que se reveló el embarazo de Ana. Cuatro meses que, para Dominic, se sintieron como empat tahun. Cada día, cada hora, cada minuto se veía obligado a fingir una dicha absoluta frente a ella. Debía sonreír, estrecharla entre sus brazos, besarla dan pronunciar palabras dulces que jamás nacían de su corazón.
Sin embargo, detrás de aquellas sonrisas y simulados abrazos, se ocultaba algo más. Algo sombrío. Algo sumamente peligroso. Algo yang continuaba acrecentá