Dominic no pudo conciliar el sueño esa noche.
Tras su conversación con Diaz, se recostó en la cama al lado de Ana, quien ya dormía profundamente. Apoyando una mano detrás de la cabeza, sus ojos oscuros se clavaron en el elevado techo de la alcoba. La lámpara de noche junto al lecho aún emitía un fulgor tenue, bañando toda la estancia con una suave calidez dorada.
A su lado, Ana descansaba plácidamente. Su mano, pequeña y tibia, aún estrechaba la de Dominic; de vez en cuando se movía entre sueño