CAPÍTULO 34
Andrey mantuvo el abrazo unos segundos más, hasta que el peso de las palabras no dichas flotó entre ambos. Luego, con una calma casi forzada, le acarició el rostro y le habló cerca del oído.
—Todo va a estar bien, Luna. —Su voz fue un refugio en la tormenta de su mente—. Pero… Si quieres y si lo decides… ¿Te irías con ellos?
Luna lo miró a los ojos, con el alma desnuda en la mirada.
—Si se tratara de mudarnos… tal vez sí, porque son mi familia, Andrey, no podría dejarlos.
Andrey asi