Salí de aquella habitación intentando mantener el llanto en mi rostro, aunque por dentro sentía algo completamente distinto.
Satisfacción.
Mi guardaespaldas abrió la puerta del hospital apenas me vio acercarme cojeando. Fingí mejor el dolor cuando algunas enfermeras voltearon a verme. Una mano sobre mi vientre. La otra aferrada al brazo del hombre.
Perfecta.
Débil.
Victimizada.
Exactamente como Nicola necesitaba verme.
Apenas entré al coche, la puerta se cerró y el silencio me envolvió.
Entonce