Apreté la mandíbula mientras caminaba por los pasillos acompañado de dos escoltas. Apenas salieron esas palabras de la boca de Isabella, fui incapaz de pensar en otra cosa.
Algo dentro de mí estaba inquieto.
Desesperado.
Y cuando abrí la puerta de la habitación…
La vi.
Abrazada a Emanuel.
Mis manos se cerraron en puños automáticamente.
La rabia subió como fuego por mi garganta.
Verlo tocándola.
Verla llorando contra su pecho.
Ver cómo él le acariciaba el cabello mientras intentaba consolarla.
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