Respiré profundo, y una sensación de alivio casi embriagadora invadió mi pecho.
Estaba a nada de conseguirlo todo.
Al fin.
Giré hacia él y, con una dulzura casi cruel, acaricié su mejilla golpeada.
Logan se quedó inmóvil por un segundo.
—No me hagas nada… por favor.
Por primera vez, vi auténtico terror en sus ojos.
Y eso…
Eso me provocó una satisfacción tan intensa, tan profunda, que rozó lo adictivo.
Finalmente.
Después de tantos errores.
Tantas amenazas.
Tantos riesgos innecesarios.
Por fin i