Escuchar esa acusación me resultaba ridículo.
¿Hacerle daño? Sí. No iba a negarlo. Siempre había querido quebrarla, llevarla al límite, verla arder… pero no así. No de esa manera sucia, cobarde. Eso no era mío.
Entonces, ¿qué era esto?
Una idea empezó a tomar forma, lenta, incómoda. ¿Y si todo esto había sido planeado? ¿Y si ella había movido las piezas y ahora intentaba ponerme a mí en el lugar del culpable?
Solté una risa baja, amarga, mientras apretaba un poco más su mandíbula. Sus ojos bril