Al llegar a mi apartamento, empecé a lanzar todo lo que tenía cerca.
Un vaso.
Un libro.
Lo que fuera.
No me importaba.
Me sentía como una mierda… pero al mismo tiempo la rabia me consumía por dentro, porque no había sido capaz de destruirla como quería.
Porque en el fondo…
sabía la verdad.
No iba a ser capaz de dejar que otro hombre la tocara.
Le di un puñetazo a la pared. El dolor recorrió mi mano, pero en lugar de detenerme, me encendió más. Su voz volvió a mi cabeza, repitiendo esas malditas