Me levanté del suelo y corrí al baño. Me miré al espejo… y me desprecié todo lo que pude.
La mujer del reflejo era una desconocida.
Desgraciada.
Triste.
Miserable.
Abrí los cajones con brusquedad, buscando algo… cualquier cosa que hiciera que todo dejara de doler.
Mis dedos encontraron la cuchilla.
La sostuve.
La miré.
Durante demasiado tiempo.
Tanto… que pareció eterno.
Pero algo dentro de mí se quebró antes de cruzar esa línea.
La dejé caer.
Y me desplomé en el suelo.
Si moría…