Me recosté en el asiento y fijé la mirada en el techo, dejando que una risa amarga escapara de mis labios mientras procesaba sus palabras.
¿Protegerme?
Ella… la misma que había tenido el descaro de decir delante de todos que mi padre era un cerdo. La misma a la que nunca le importó el amor que yo le tenía. Me había traicionado de todas las formas posibles, sin titubear, sin mirar atrás.
La odiaba.
La odiaba con una intensidad que me quemaba por dentro, que me hacía apretar los dientes hasta que