El silencio de la casa era extraño.
Pesado.
Demasiado pesado.
Aun así intenté ignorarlo mientras removía lentamente la sopa sobre la estufa.
El olor del caldo llenaba la cocina, pero ni siquiera eso lograba tranquilizarme.
Mis manos temblaban apenas.
No sabía si era por el cansancio, por el miedo constante en el que vivía o porque sentía que mi vida estaba colgando de un hilo desde hacía demasiado tiempo.
Desde que Damien descubrió la verdad…
Todo había empeorado.
Respiré profundamente