10: Suplicar no sirve de nada. (Elena)
Una semana después.
Había evitado a Nicola todo lo que podía, pero él era como una plaga. Estaba en todas partes. En reuniones, en los pasillos de la empresa de mi padre, en eventos donde jamás había estado antes. Y siempre con esa mirada.
La misma mirada de un lobo hambriento observando a su presa.
Me ponía nerviosa. Demasiado nerviosa.
Y, para empeorar las cosas, no dejaba de pensar en lo que había pasado aquel día.
En su respiración tan cerca de la mía.
En el calor de su mano suj